Skip to content

ventajas de ponerse tierno

Muy buenos y felices días, amiguitos.
Me gustan muchisísimo estos días por todas las fotos bonitas de postales y paisajes preciosísimos que aparecen por aquí, y todas las frases de cariño y todos los amigos deseándose buenos deseos y todo esto. Por todas estas cosas que le hacen cariñitos al corazón, las navidades resultan un buen invento.
Pero hay muchas personas que en navidades sufren más que en otros días. Esos anuncios de televisión con juguetes, por ejemplo, ponen a muchisísimos padres muy tristes porque ven la ilusión con que sus niños los miran, y no los pueden comprar, y eso es muy cruel. También eso de que por narizotas tienen que ser fiestas familiares con toda la familia en cenas y comidas, eso también puede ser terrible. Porque de repente a alguien se le ha muerto alguien o se le ha ido alguien o no puede estar por lo que sea, y el vacío en la mesa de Noche Buena y Navidad da una tristeza muy grande.
Esta mañana María fue a su Inicio de FaceBook y se encontró con unas amigas que se quejaban de la navidad. Tenían sus motivos, unos motivos muy serios. María sintió enseguida la necesidad de decirles algo para animarlas, pero hay veces en que las frases de ánimo, aunque se digan con muchisísima buena voluntad, no sirven y hasta pueden molestar. Uno dice: “Ya me vienen a soltar una frasecita de esas como si fuera una aspirina. ¡Qué cojines! Yo estoy muy triste y manda tortilla que ni lo dejen a uno estar triste en paz”. Y puede que tengan razón. Así que como ellas estaban contando por qué no les gustaban las navidades, María decidió contar con sinceridad porque a ella sí le estaban gustando. Como a mí no me gusta apropiarme de las palabras de otras personas, cito con comillas y nombre lo que María le dijo a sus amiguitas, a ver si le puede servir también a mis amiguitos. Aquí va:
“Es el segundo año que no tengo la compañía de mi hijo porque está en Barcelona y le ha tocado trabajar. Hace dos años y medio que una convivencia de 29 años terminó en separación definitiva. El año pasado me di cuenta de que por primera vez en mi vida era libre para hacer lo que me apeteciera. Esta es la segunda temporada navideña en que estoy disfrutando de esa libertad intensamente. Creo que la tristeza, la tensión, hasta la angustia aparecen cuando te impones las convenciones sociales y te fuerzas a una alegría que no es tuya y te obligas a realizar unos ritos que no te apetecen. Cuando por el contrario, disfrutas de estas cortas vacaciones convirtiéndolas en una celebración de la libertad, pueden ser unos días muy felices. Os lo cuento por si os sirve de algo. Felices todos los días de vuestra vida”.
¿Pues ven ustedes? El que no se consuela es porque no quiere. Y eso está bien, porque si no te quieres consolar, tienes todo el derecho de disfrutar tu pena, digo yo. Pero si sí quieres, hay muchisísimas maneras. María, por ejemplo, anoche se pasó horas con las cosas esas de política que se pone como si fuera a cambiar el mundo. Y eso también está muy bien. Porque ella tiene un lema “Escribiendo no puedes cambiar el mundo, pero debes escribir como si pudieras”. ¿A que está muy bien esto? Y hay otras personas que pasan la Noche Buena sirviendo cenas a personas que no tienen ni comida ni compañía. Y esas personas también están cambiando el mundo con cada pequeñita cosa que hacen. ¿Y esos otros que sentaditos en su casa se ponen a desear felicidad en Facebook y Twitter y todas esas redes, y a poner postales bonitas y frases que animan? Esos también están regalando alegría, como Santa Clauses, y de esa forma también están cambiando el mundo. Anoche, por ejemplo, un amiguito de Maria de Twitter puso un buhito. Y Maria se lo agradeció y le dijo que le chiflaban los buhitos. Y esta mañana el amiguito había puesto los buhitos más preciosísimos que habíamos vista.
Entonces, digo yo, parece que si uno quiere ponerse contento y disfrutar de estas fiestas y de cualesquieras otras, todo lo que hay que hacer es dar cositas a los demás, cositas como su tiempo, sus conocimientos, su buena voluntad. Cositas que salgan sin forzarse. Cositas que salgan del corazón. Y de repente, sin darse cuenta uno, el corazón se pone suavecito y los músculos de la barriguita también y uno se encuentra calentito por dentro con el calor de la felicidad, y dice, ¡qué Navidades más bonitas!
Pues eso, amiguitos, con toda la alegría que siento porque me han dejado participar, les deseo que estas Navidades, a pesar de todos los pesares, les llenen de alegría y de muchas ganas de descubrir, todos los días de estas fiestas y del año que viene, la grandísima importancia y utilidad que tienen sus vidas para que el mundo que les rodea sea cada vez mejor.
Besitos y un abrazo con mucha fuerza. Ah, y que Maria y Filomena y yo misma, we wish you a merry Christmas

frases multables

Buenos domingos, amiguitos, hoy me toca a mí. Después de una semana comentando cosas, María se ha quedado como los grifos de muchas casas de Madrid donde no han podido pagar el agua por falta de liquidez, ¡qué paradoja más grande!
Es que ha sido una semana para quedarse mudos. Porque resulta que van a cobrar multas por decir muchas cosas, y como son muchas, la memoria a lo mejor no alcanza para aprenderse cuales son, y a lo peor una se cuela inadvertidamente, y multa que te cae. Lo cual, considerando cómo tiene uno los bolsillos, puede ser mortal de necesidad, porque si pagas no comes o comes comida caducada que parece que puede tener los mismos efectos palmatorios. ¡Qué horror!
Total, que a mí siempre me toca lo más difícil que es decir algo que haga gracia para animar a los amiguitos, y ya me diréis ustedes cómo encontrar algo gracioso cuando maldita la gracia que hace todo lo que está pasando.
Recordando antiguos consejos aristotélicos y aristofánicos se me ocurrió que podría mover a hilaridad una recopilación de las perlas con que nos ha obsequiado esta semana la sabiduría de los que nos gobiernan, como eso de que están subiendo los sueldos, que se dijo hace días, pero que se sigue repitiendo porque da mucha risa. Se lo comenté a María y le pareció tan buena idea que se puso a ayudarme entusiásticamente buscando en la casi infinita memoria de Google. Y veo yo que de repente empieza a ponerse azul y le pregunto qué le pasa y veo que está ojiplática mirando la pantalla y miro y veo que uno de esos gobernantes que hacen barbaridades y encima después se recochinean, dice: “Gobernar, a veces es repartir dolor”. Y me vuelvo a María y veo que del azul está virando al rojo por lo que la cara se le está poniendo violeta, y le pregunto con espantada preocupación: “¿Estás bien?”
María intentó contestarme, pero sólo le salió un gruñido. Antes de que el gruñido se convirtiera en palabras ofensivas, cerré el ordenador de un manotazo, atranqué las ventanas y apagué los teléfonos. “¿Pero qué haces?” gritó María. “¿Te has vuelto loca?” “Nos hemos vuelto pobres,” le contesté. “No podemos permitirnos pagar multas por todo eso que ibas a decir”. Y fue entonces cuando María se quedó muda y me encontré yo con la papeleta de animar.
Pues eso, amiguitos, mucho ánimo y procuren no dar rienda suelta a la iracundia. Pónganse, por ejemplo, a hacer versiones del anuncio de la lotería. A lo mejor se ríen, y si no, por lo menos se distraen, lo cual puede evitar que profieran o escriban frases multables o peor, penables, porque según el qué también nos puede caer condena de cárcel.
Feliz domingo y lunes y todos los días, que el que no se consuela es porque no quiere, porque no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista y esto dicen que se acaba dentro de dos años de nada.

No llaméis payaso al impostor

Esta mañana, en la Cadena SER, escuchamos hablar a unos payasos sobre el hecho de ser payasos.  Yo casi lloro de la emoción. Eran payasos auténticos del mundo de los payasos. No puedo decir ni comentar lo que dijeron porque me quedé sin palabras. Si tienen la oportunidad de oír el podcast, recomiendo que lo hagan.

Tan fuerte fue la impresión, que María acabó escribiendo un poema

 -hay cosas que la prosa no puede explicar. Es el segundo poema que me escriben, pero vuelvo a sentir la misma emoción y agradecimiento que me provocó el primero, o un poquito más.  Quiero compartirlo con mis amiguitos.

Payaso, payasa

A Mrs. Pepova y a todos los payasos auténticos del mundo de los payasos.

Para saltar al ruedo

se pinta la cara

se desnuda el alma

 

Las cejas en la frente

pupilas dilatadas

nunca fue tan perpleja

perplejidad humana

 

Para saltar al ruedo

se pinta la cara

se desnuda el alma

 

La bocota se empina

buscando la sonrisa

y parece que llora

la pena más amarga

 

Para saltar al ruedo

se pinta la cara

se desnuda el alma

 

Parece una mentira

para engañar a niños

y es verdad tan verdad

que a ningún niño engaña

 

Para salta al ruedo

se pinta la cara

se desnuda el alma.

Un señor payaso dijo esta mañana que los payasos éramos poetas escénicos. Creo que es verdad y creo que prueba de esto es que inspiramos poesías y cuadros muy bellos. Si la mayoría de la gente comprendiera lo sin, sin palabras que es ser payaso nunca utilizarían la palabra para insultar o para burlarse de alguien.

 

 

 

 

 payaso tocando el violín

 

 

Las malas mujeres

Imagen

 

Conocí a un hombre de apellido Cipolla que fue a un juzgado y todo para cambiárselo porque le tenían frito, y el juez lo comprendió y se lo cambió. Yo, si me llamara Botella como la Sra, Botella, alcaldesa de Madrid, creo que me lo cambiaría. Porque miren que hace años que la pobre mujer es diana de todos los dardos sobre su Botella. Sólo le faltaba que la metieran a alcaldesa. Digo yo que si quería dedicarse a la política, mejor que se hubiera cambiado el apellido, como el Sr. Cipolla. Aunque puede que ella no quisiera ser alcaldesa  y que el que quiso que fuera fue  el marido, y ella le obedeció porque es mujer mujer.

Es muy difícil saber lo que una mujer quiere de verdad. Y no porque no se aclare, sino porque durante muchisísimos siglos tenía que querer lo que le decían que tenía que querer y si no quería eso o quería otra cosa, se lo tenía que callar para no tener problemas. Eso fue hasta que hace algunos años, unos hombres dijeron que vale, que les iban a conceder a las mujeres los mismos derechos que a los hombres porque todos eran personas iguales. Y entonces las mujeres pudieron decir y hacer lo que quisieron y ser alcaldesas y todo eso, y parecía que todos iban a vivir en paz y felices y comiendo perdices como en los cuentos.  Pero, de repente, unos señores, asustados por el poder que estaban consiguiendo las mujeres,   decidieron dar marcha atrás. Y empezaron a decir que la mujer es mujer cuando es madre, y que la mujer mujer se tiene que quedar en su casa cuidando del marido y los hijos. Claro. Si la mujer no sale a trabajar , no le quita el puesto a un hombre ni cuenta en la lista del paro ni cobra eso que le dan a los parados ni cobra pensión cuando se hace vieja.

¿Quiérese esto decir que las mujeres que trabajan fuera de sus casas y toman píldoras de esas de no tener hijos no son mujeres? Y si no son mujeres, ¿qué son? No se puede decir que son mujeres malas porque trabajar no es ninguna maldad y tener hijos cuando se quiere y se puede, tampoco. Habría que decir entonces que son malas mujeres, como se dice de un estudiante o abogado o lo que sea que es mal estudiante, mal abogado o mal lo que sea porque no hace bien lo que tiene que hacer como le corresponde.  

Es para hacerse un lío porque, ¿cómo van a aprender las jóvenes de ahora lo que tienen que hacer para ser buenas mujeres? A lo mejor habría que mandar que lean obligatoriamente un libro que tenían que leer obligatoriamente sus abuelas y que dice muy claro lo que las buenas mujeres tienen que hacer. Ese libro lo escribió una mujer que decía la gente de entonces que era muy buena y muy sabia. Se llamaba Pilar Primo de Rivera, y el libro se llama La mujer ideal.

Decía esta señora, en resumen, que la inteligencia de la mujer se demuestra en que reconoce la superioridad del hombre y se casa con uno y se dedica a cuidarle y hacerle feliz y darle hijitos y a cuidarle los hijitos. Suena bonito, ¿no?

De todos modos y suene como suene, es lo que las mujeres van a tener que hacer, les guste o no les guste, porque los hombres que mandan ahora están poniendo todo esto en leyes para que las mujeres vuelvan a ser como eran antes de liberarlas y de que se desmadraran exigiendo igualdad.    Aunque, no es cierto que sean sólo los hombres los que están haciendo estas leyes. Porque resulta que en este gobierno también hay mujeres, y estas mujeres también están de acuerdo en hacer leyes para que la mujer vuelva a ser mujer mujer, como eran sus abuelas.

Y aquí es cuando a uno se le ponen los ojitos como ojotes y le sale una exclamación para adentro que hasta le da tos.

¿En este gobierno de señores tan serios, tan formales, tan religiosos hay malas mujeres? Pues parece que sí. Malas mujeres tienen que ser porque están todo el día en despachos y ruedas de prensa y mítines y cosas de esas, mientras tienen a los maridos y a los hijitos abandonados en sus casas. Malas mujeres y, encima, tontas porque no usan su inteligencia para reconocer la superioridad de los hombres y se meten a presidentas y vicepresidentas y ministras y secretarias generales y todo eso mandando a los hombres que tienen de inferiores como si ellas fueran hombres.

Entonces, ¿cómo es que estas malas mujeres quieren imponer leyes para que las mujeres tengan que ser buenas mujeres a la fuerza? ¿Es que además de malas mujeres y tontas, resulta que están todas locas? No puede ser. Un país que tuviera un gobierno de malos, tontos y locos iría de cabeza al desastre. A lo mejor, creo yo, estas señoras tan bien peinadas –salvo alguna excepción circunstancial-, tan bien vestidas y siempre sonrientes, resulta que son buenas mujeres de gran inteligencia que están donde están obedeciendo órdenes de los hombres y diciendo lo que los hombres les dicen que digan. Debe ser esto y así se explica que algunas se hacen unos grandes líos cuando hablan, tanto en castellano como en inglés.

En fin, que el asunto es tan complicado que me alegro muchisísimo  de no tener que dar mi opinión ni tomar partido porque no soy  hombre ni mujer sino payasa del mundo de los payasos.   

Una historia feliz

 

Están las cosas tan feas, tan tristes, tan grises -de un gris amarronado color caquita- que creo yo que lo mejor que uno se puede hacer a uno mismo y a los demás es contar las cosas bonitas y alegres y coloridas que pasan. Así que cuento.

Resulta que ayer, cuando la tarde ya estaba virando a nochecita, una amiguita muy amiguita mía llegó a su casa más que cansada, reventada, porque las cosas se le han puesto tan difíciles que hasta sin coche se ha quedado la pobre y lleva unos días haciendo kilómetros con unas piernas a las que nunca se les dio bien caminar. Entró en su casa y el cuerpo se le fue derechito al sofá y las piernecitas a la mesa de centro de su sala, y con las últimas fuerzas que le quedaban estiró un brazo y cogió el mando del televisor para ver las noticias. Pero las noticias que ve en el único canal que le gusta verlas ya iban por los deportes, así que empezó a pasar canales. Y de uno de esos canales salió un acorde, un acorde de una música que llegaba de repente de muy lejos, de muchisísimos años atrás.

El mando se le cayó de las manos. Los ojos se le llenaron de lágrimas y los labios se le estiraron a más no dar en una sonrisa más ancha que la de la bocota de un payaso. “No puede ser”, se decía. “No puede ser” se repitió muchas veces. Pero sí, era.

Érase una vez que ella tenía unos veinte años  y el amor era romántico y eterno y eternamente romántico y pintado con todos los colores que uno quisiera pintarlo. Y el mundo era bellísimo porque estaba lleno de cosas bellísimas que estaban ahí esperando que uno las descubriera. Y el mundo también era justo porque todo lo bueno era posible  y había mucha gente buena y justa haciendo las cosas que se tenían que hacer para que todo fuera más justo y mejor. Y el mundo era un tesoro de felicidad al alcance de cualquiera  porque bastaba un ratito en un cine para que la música y los colores y una historia hermosa entraran en el alma dándole toda la felicidad del mundo.

Y he aquí que mi amiguita, cuarenta y cinco años después de aquella vez maravillosa, volvía a sentir que el alma se le llenaba con la misma emoción oyendo aquella música y recorriendo los lugares tan bonitos que veía y viviendo aquel amor de luna y estrellas y canciones que decían cosas bellísimas, y mar y miradas de esas que hacen que no haga falta decir nada porque todo se entiende, y muchisísimas cosas así.  

Total, que si cuarenta y cinco años atrás a mi amiguita se le habían salido las lágrimas de la emoción en el cine, anoche empezó a llorar a moco tendido sonriendo a más no dar, y cuando se vio y se oyó sonándose la nariz a lo trompeta en un pañuelo -mío, por cierto, con P de Pepova- empezó a reírse de su llanto y de su risa, pero sin dejar de mirar y escuchar lo que estaba viendo y oyendo. Y así, entre risas y sonrisas y lloros sonoros, la película llegó al colorín colorado.

Mi amiguita, con la narizota roja y los ojos brillantes, se levantó del sofá y se fue a la cocina a prepararse algo de cena. Pero tenía el alma en otra parte, en el lugar ese más nuestro, más escondidito que tenemos todos, donde nos preguntamos y nos contestamos nuestras cositas y sentimos unas emociones que no sabríamos contar.

Allí mi amiguita entendió por qué había sonreído y llorado tanto, por qué había sentido esa emoción tan grande que era como la más grande de las emociones que había sentido jamás. Porque, ¿puede haber algo más emocionante que darse cuenta de que aquella ilusión de los veinte años, aquella certeza de que el mundo tiene cosas bellísimas que están esperando a que las descubras; que el mundo es bueno y justo porque todo es posible; que el mundo es un tesoro de felicidad al alcance de la mano de cualquiera y que sólo tenemos que estirar el brazo para coger lo que queramos para ser felices; puede haber algo más emocionante que darse cuenta de que esa ilusión ha sobrevivido a todo durante cuarenta y cinco años?

Y es que, como ayer se dio cuenta mi amiguita, aquello no era sólo una ilusión de juventud. Era una forma de vivir, de creerse la vida. Creo yo que lo que más la emocionó fue darse cuenta de lo viva que seguía estando cuarenta y cinco años después. Porque todavía, todavía y a pesar de todos los pesares, sabe que la ilusión es en realidad y muy realmente todo lo real que uno quiere que sea.

Y colorín colorado, la historia por ahora se ha acabado. Pero no puedo terminar sin dejarles un enlace que he encontrado con algunas escenas de aquella películita mágica con esa música tan maravillosa que ayer nos regaló la más bonita de las tardes.

AVANTI!

http://www.youtube.com/watch?v=4bxNwcQ4wmI

 

 

¿Se puede sonreír?

Imagen

Pues vaya, amiguitos, qué días, ¿no? Parece que hasta cuesta buscar el humor en medio de tanta pena. Uno piensa, ¿está bien sonreír en medio de tanta gente que está sufriendo? ¿Se puede sonreír cuando hay otros que desprecian ese sufrimiento y utilizan su poder para destruir todas las cosas buenas?
Creo yo que si uno quiere encontrar respuesta a esas preguntas sin hacerse daño es mejor buscarla en los niños. Los niños son capaces de olvidar que tienen hambre y que en su casa hay mucha preocupación y mucha tristeza en cuanto algo o alguien les hace sonreír. Los niños encuentran siempre un momento para jugar aunque el mundo se esté derrumbando a su alrededor. Los niños tienen que ir a donde los lleven porque son los más débiles, pero no dejan de ser ellos mismos, de manifestar a sus personitas como son estén donde estén. Los niños no saben de la amargura, el resentimiento, el rencor, el odio, esas cosas muy feas que ponen muy feas las caras y las almas de los mayores que las sufren y muy feos los mundos en los que viven.
Pues a lo mejor eso es lo que tenemos que hacer los que tenemos más años: sonreír pase lo que pase; jugar; ser como somos cuando no hay nadie, manifestando lo que pensamos y lo que sentimos sin esas máscaras que los mayores nos vamos poniendo para quedar bien con los demás. Lavarnos el alma todos los días y a todas horas con pensamientos y deseos bonitos y limpios para que no nos salga la costra de las cosas feas que hacen los mundos muy tristes y muy malos.
¿Y uno puede hacerse niño cuando está preocupado y agobiado y deprimido por problemas de persona mayor? Pues creo yo que no hace falta hacerse nada como si fuera algo nuevo. Creo yo que lo que éramos cuando éramos niños sigue estando dentro de nuestro almas, debajo de la costra de cosas serias y tristes y feas que le hemos estado echando encima día a día de todos los años que hemos vivido. A lo mejor, eso que éramos nos dice cómo éramos si ,estando solitos y sin que nadie nos vea, tratamos de acordarnos de cómo éramos cuando algo nos hacía llorar mucho y de repente otra cosa nos hacía reír o sonreír porque siempre encontrábamos algún motivo para pasárnoslo bien.
Pues bueno, amiguitos, yo no sé ustedes, pero yo creo que he encontrado respuesta a las preguntas que me hacía al principio, y buena tiene que ser porque me ha vuelto la sonrisa a la cara.
Así que les deseo que a ustedes también les funcione y que hoy puedan disfrutar de todas las cosas alegres que se les pongan por delante. Sus almitas se lo van a agradecer, y las personas que estén hoy a su lado también, sobre todo si son niños.

Sin hueso y con el culo al aire (Texto)

Por si a alguien no le apetece ir a YouTube y ver el vídeo, pongo aquí el texto poraque no es nada del otro mundo, pero puede ser importante para algunas personas. Ojalá que lo sea.

Buenos días, amiguitos: En el último episodio de nuestros vídeos de YouTube,  “Desayunos con Filomena”, no apareció Filomena, pero si estaba. Estaba en el asiento de atrás. Yo le había dado un hueso, se lo llevó al asiento de atrás para disfrutarlo tranquilamente y ya no quiso soltarlo para ponerse delante de la camarita.

Pues bien, el hueso de Filomena me ha dado mucho que pensar.

Las cosas están muy feas, eso lo sabemos todos.  Hay muchísima gente sufriendo situaciones terribles. Y por eso muchísima gente está protestando.

Eso no extraña. Si a ti te dan por aquí, por allá y por allá  también, se puede esperar que protestes. Lo que extraña es que no proteste la mayoría.  La mayoría se queda en su casa y no dice nada, por eso algunos le llaman la mayoría silenciosa. Y uno se pregunta, ¿cómo es posible?  ¿Es que la mayoría está de acuerdo con lo que está pasando? ¿Cómo puede ser esto?

Te dicen, bueno, no es que estén de acuerdo. Vamos a ver. Hay 6 millones de parados, ¿verdad? Vale, pero como hay casi 47 millones de habitantes, 6 millones es una minoría. O séase que la mayoría tiene trabajo y los que tienen trabajo siguen viviendo bien.

Esto es como lo del hueso de Filomena. Cuando Filomena tiene un hueso, lo único que le importa en el mundo es su hueso. Uno de estos que tiene trabajo dice: “Tengo un hueso”, y se pone a su hueso y a nada más.

Pero, ¿cómo puede haber alguien seguro de que no le van a quitar su hueso? Muchisísimas personas estaban absolúticamente seguros de que su hueso no corría peligro. Tenían trabajo fijo, dos nóminas en la casa, un presupuesto bien planeado y balanceado, gastaban lo que podían y hasta ahorraban. Y de repente esos trabajos fijos se desfijaron todos y la gente se quedó sin nóminas y ya no pudieron hacer presupuesto porque no tenían dineros que presupostar. Y los que habían ahorrado tuvieron que echar mano de los ahorros para seguir viviendo, y eso a los que no les robaron, porque a algunos sí que les robaron. con las preferentes y con los intereses  y gastos de demora de  las hipotecas y cosas de esas. Y perdieron la casa y perdieron toda su forma de vida y hasta la esperanza de volver a recuperarla. O séase, que los dejaron con el culo al aire.

Eso hoy, le puede pasar a cualquiera. A cualquiera le pueden quitar su hueso. ¿Y qué hace uno cuando le quitan el hueso? No le queda más remedio  que mirar a su alrededor. ¿Y qué ve? Que es como si hubiera pasado una guerra y ahora estuviéramos en la postguerra. Ya nada, ni lo más necesario se puede conseguir gratis. La salud tiene un precio y el comedor de los niños tiene precio y las matrículas en la universidad tienen un precio cada vez más caro. Nada, ni siquiera la vida humana es más importante que el dinero porque sin dinero hasta te pueden dejar morir.

Te pueden dejar morir porque en este nuevo mundo que usted no veías cuando tenía su hueso, nos hicieron creer a todos que el dinero es mucho más importante que la vida humana. Y a usted te parecía bien. Pues bien,  ahora que no tienes dinero usted ve  que su vida ha perdido toda importancia. Y ve en el periódico y en la televisión y oye por la radio que los que mandan le dicen que vamos por el camino correcto, que las cosas están mejorando, que todo va como tendría que ir. Lo mismo que le decían cuando usted tenías su hueso. Y usted se lo creía.

Y ahora que de repente ya no tiene hueso, ahora que de repente ya no tiene nada, dice: “Pero qué dice esta gente, están locos? Cómo que todo está bien? Mi hijo se fue anoche a la cama sin cenar y hoy sin desayunar al colegio  y mañana nos van a quitar la casa y hace dos años que no encontramos trabajo”.

Y le dicen. “¿Y usted quién es. Usted no importa nada. Es una minoría. La mayoría está calladita porque están de acuerdo. ¿Usted no está de acuerdo? Pues váyase a la calle a protestar con los terroristas. Nadie le va a hacer caso. Mientras la mayoría tenga su hueso, aquí no va a pasar nada.

Además, oiga, pero ya sabe que aunque no pierda su trabajo, cuando se jubile le van a pagar según la edad que tenga. Que si vive muchos años, el hueso de su pensión va a ser cada vez más pequeñito y pequeñito porque, total, como no va a tener usted dientes, ¿para qué quiere un hueso grande? O séase, que tarde o temprano y se ponga y usted como se ponga, le van a dejar con el culo al  aire, o séase, sin hueso.

Yo le dije a Filomena. Filomena ¿qué harías si te quitan tu hueso? Y me contestó, mentalmente, por esto: “¿Cómo que qué haría? Gruñir y enseñar los dientes. Yo soy un perro”.

Claro. Y eso es lo más preocupante, que por no protestar como personas cuando todavía no nos han quitado el hueso y podemos protestar por solidaridad con los que lo han perdido todo, acabemos todos desesperados  en la calle dando dentelladas como perros.

¿No sería mejor ponernos la mayoría hombro con hombro y salir a  la calle pacíficamente, como personas, pero gritando, para que se nos oiga, que no queremos vivir en un mundo así? Porque si fuéramos mayoría, seguro que nos hacían caso.

Sigue con tu hueso, Filomena. No te preocupes, hija, nadie te lo va a quitar…por ahora.

La Vida en Jirones

El blog de Maruja Moyano

Carles Mitjà - ASIS/FRPS

Photographer & Printmaker / A Hybrid Place About Early Photography and Digital Imaging

Mar V

Portfolio, tormenta de ideas, my world

Clinclinclok's Blog

Hechos, pensamientos y ocurrencias. No apto para hipócritas.

yolandaaldon

La literatura de los sentidos. Ver, oler, sentir, saborear, oir mediante su lectura.

Reflexiones

Otro blog personal de zanguanga

Un lugar en el viento

Un paraje donde pensar y sentir.

Tarot Maria del Pilar

WordPress.com TarotMariadelPilar

Bold Commentary

"Writing With No Fear"

Lo que ahora mismo pienso

"La libertad es el derecho que tienen las personas de actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía." José Martí

El Campañista

Encuestas electorales, tertulias, comentarios, datos, análisis, opiniones. Todo sobre la precampaña electoral.

Alberto M.Cuartero

Consultor RSE, Marketing Digital y Proyectos para el desarrollo · Profesor Universitario Marketing Digital & Social Media · Creo en una Economía PorUnMundo+Justo

ISABEL GARCÍA RUBIO

pensadora - abogada - mediadora

geoengineeringcrimes

Crimes Against Mother Earth

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

Frenando la deriva

Relatos fugaces de la vida en Hong Kong

A %d blogueros les gusta esto: